Otro fin de año de consumos más apretados bajo el gobierno de Milei
El segundo diciembre desde la asunción de Javier Milei confirma que el ajuste no fue una transición breve sino un nuevo piso de precariedad para los hogares. El consumo vuelve a caer, el endeudamiento familiar se profundiza y las familias hacen malabares para cubrir gastos básicos, mientras los salarios y jubilaciones continúan atrasados y la inflación volvió a mostrar señales de aceleración en los últimos meses.
Los datos son elocuentes y desmienten cualquier relato de recuperación: las compras en góndolas se redujeron 2,1 por ciento, el tiempo entre una compra y otra se estiró 2,2 por ciento y casi un tercio de los argentinos destinará el aguinaldo a pagar deudas, no a consumir ni a ahorrar. El cuadro se agrava con un dato oficial: el Banco Central informó que la morosidad de los hogares alcanzó su nivel más alto desde 2010.
Ajuste sostenido, ingresos pulverizados
La crisis de ingresos impacta de lleno en el consumo, que volvió a caer en la segunda mitad del año luego de una recuperación tenue en el primer semestre, explicada más por el piso bajísimo de 2024 que por una mejora real. Hoy, el 43 por ciento de los compradores reconoce llegar ajustado a fin de mes, un salto brutal frente al 29 por ciento del primer trimestre.
El gobierno insiste en mostrar la desaceleración inflacionaria como éxito, pero omite el dato central: con salarios y jubilaciones congelados en términos reales, incluso una inflación menor sigue siendo impagable. El resultado es un consumo defensivo, fragmentado y cada vez más restringido.
Consumir menos, comprar peor, recorrer más
Las familias reducen tanto la frecuencia de compra como el volumen adquirido. Se compra menos y se gasta con extrema cautela. El consumo se vuelve selectivo, focalizado en lo indispensable y con una búsqueda permanente de precios más bajos.
El fenómeno se expresa con claridad: crecen las marcas más económicas y las marcas propias de los supermercados, mientras casi el 40 por ciento del gasto depende de promociones. La lógica es clara: sin ingresos suficientes, el mercado interno se sostiene a fuerza de descuentos, endeudamiento y resignación.
También se multiplica la combinación de canales de compra. Los hogares recorren almacenes, kioscos, farmacias y autoservicios de cercanía para estirar el presupuesto, mientras cae el volumen en hipermercados y compras online. No es eficiencia: es sobrevivencia cotidiana.
Aguinaldo como salvavidas y récord de morosidad
Uno de los datos más contundentes del fracaso social del modelo es el destino del aguinaldo. Lejos de funcionar como un ingreso extraordinario, se convirtió en una herramienta para tapar agujeros financieros. El porcentaje de personas que lo usan para pagar deudas creció 16 puntos porcentuales respecto a 2024.
La consecuencia es directa: la morosidad en créditos personales y tarjetas alcanzó niveles históricos. Casi uno de cada diez préstamos personales no se paga en término y las tarjetas de crédito muestran un deterioro acelerado. El ajuste no eliminó el endeudamiento: lo trasladó desde el Estado hacia los hogares.
Dos Argentinas bajo el mismo gobierno
El contraste social se profundiza. Mientras los sectores medios y bajos ajustan consumos esenciales y acumulan deudas, los sectores altos sostienen o incluso reactivan consumos de viajes, autos y bienes durables. El modelo libertario no fracasa para todos por igual: concentra costos abajo y alivios arriba.
Un 2026 sin rebote a la vista
Las proyecciones tampoco ofrecen alivio. Los estudios coinciden en que la recuperación del consumo es frágil y que, aun con crecimiento leve en 2026, el regreso a niveles previos llevará años. Con salarios bajos, empleo precario y consumo planchado, la economía se estabiliza a costa del empobrecimiento social.
En definitiva, el balance es claro: el gobierno de Milei ordenó algunas variables macro, pero desordenó la vida cotidiana de millones de familias. Para los hogares argentinos, los números no cierran sin achicarse, resignar calidad de vida y endeudarse. Y ese no es un daño colateral: es el corazón del modelo.
