Mientras intenta aprobar el Presupuesto 2026 a las apuradas y sin cambios “formales”, Javier Milei dejó en claro que la letra de la ley es apenas una sugerencia y que el verdadero plan es ajustar después, por decreto, planilla Excel o inspiración divina. “No voy a vetar el Presupuesto, pero voy a acomodar las partidas para tener déficit cero”, avisó el Presidente, confirmando que el déficit no se negocia, aunque haya que llevarse puestos derechos, universidades y personas con discapacidad.

La Libertad Avanza consiguió la media sanción en Diputados, aunque no como Milei quería. La oposición logró sacar del texto el capítulo que eliminaba la emergencia en discapacidad y el financiamiento universitario, obligando al oficialismo a tragarse un Presupuesto que días antes definía como “inservible”. Aun así, el Gobierno ahora quiere que el Senado lo apruebe sin tocar una coma, porque Estados Unidos pidió prolijidad y la soberanía, bueno… después vemos.

Este domingo, el bloque libertario en el Senado se reunió con Patricia Bullrich a la cabeza para contar votos como quien arma un rejunte de ocasión: propios, prestados, radicales obedientes, provinciales funcionales y algún que otro aliado circunstancial. Según el Gobierno, estarían los números para aprobar el Presupuesto este viernes, aunque nadie sabe muy bien qué Presupuesto, ya que Milei promete “acomodarlo” una vez sancionado.

El Presidente celebró la votación en Diputados como un “éxito”, destacando que se aprobaron 11 de 12 capítulos, una forma elegante de disimular errores políticos propios y una negociación fallida. “Tenemos media sanción”, dijo, como quien festeja haber llegado a mitad del puente… aunque el resto esté dinamitado.

En materia económica, Milei volvió a prometer inflación cercana a cero —esta vez entre junio y agosto del año que viene— y explicó que si no ocurre antes es culpa de los “rezagos de la gestión anterior”, una excusa que parece tener vencimiento flexible. También se jactó de estar haciendo “el ajuste más grande de la historia” y aseguró que en enero se pagarán 4.300 millones de dólares de deuda externa, porque para los acreedores siempre hay plata.

En el mundo paralelo que describe el Presidente, la pobreza bajó 30 puntos, los salarios mejoraron —sobre todo los informales— y el desempleo cayó mágicamente. En ese contexto ideal, Milei volvió a impulsar la reforma laboral antisindical, prometiendo que no quitará derechos, aunque celebre el fin de las indemnizaciones “abusivas” y contradiga incluso a su propio ministro Sturzenegger.

Consultado por las causas de corrupción que rodean a su gobierno y a su familia, Milei ensayó un repertorio conocido: negar audios, minimizar denuncias y explicar que si no hay condena firme, todo está bien. Defendió al nuevo titular de ARCA, denunciado por evasión, y pidió que “los medios aprendan” a no sospechar del poder.

Finalmente, habló de su reelección, juró que no cambiará la Constitución y aseguró que su carrera política terminará cuando deje el poder. Se comparó con Moisés, confesó que el sillón de Rivadavia puede hacer sentir a cualquiera como un emperador y pidió equilibrio emocional, mientras gobierna con una motosierra en una mano y el ego en la otra.

By Brian

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