La política de presión militar de Estados Unidos volvió a mostrar su costado más agresivo con la interceptación y abordaje en el Océano Atlántico de un buque petrolero de bandera rusa, perseguido durante más de dos semanas por presuntamente transportar crudo venezolano. El episodio se inscribe en la ofensiva de Washington por controlar el flujo energético de Venezuela y abre un nuevo frente de tensión internacional de consecuencias imprevisibles.

El buque involucrado es el tanquero Marinera, anteriormente denominado Bella-1, propiedad de la empresa rusa BurevestMarin. Desde Moscú denunciaron que la Guardia Costera estadounidense, con apoyo aéreo, intentó incautar la carga del navío en aguas internacionales, en una acción que vuelve a poner en cuestión el respeto al derecho marítimo y la soberanía de terceros países.

Desde el punto de vista militar, la situación resulta especialmente delicada. Según trascendió, Rusia habría desplegado un submarino para escoltar al petrolero y habría reclamado formalmente a Washington que pusiera fin a la persecución. Lejos de desescalar el conflicto, Estados Unidos avanzó con el abordaje, profundizando el riesgo de un choque directo entre potencias.

El Marinera era seguido por fuerzas estadounidenses desde hace más de dos semanas, acusado de violar el “bloqueo total” a las exportaciones energéticas venezolanas decretado por Donald Trump el 16 de diciembre pasado. Una medida unilateral que, bajo el discurso de las sanciones, refuerza una estrategia de asfixia económica y control geopolítico sobre los recursos petroleros de la región.

“Nuestro buque civil, que navega sin carga y en condición de lastre, está siendo perseguido desde hace tiempo por la Guardia Costera de los Estados Unidos”, señaló BurevestMarin en un comunicado difundido por la agencia RT. La empresa sostuvo que, pese a que el capitán informó reiteradamente el carácter civil y la bandera rusa del navío, la persecución continuó con vigilancia aérea constante.

Según detallaron, la operación incluyó aviones de reconocimiento P-8A Poseidon de la Armada estadounidense, una demostración de fuerza que excede ampliamente cualquier procedimiento de control marítimo habitual. En ese contexto, la compañía rusa instó a Washington a actuar con moderación y a resolver el conflicto mediante los mecanismos del derecho internacional, advirtiendo sobre el riesgo de poner en peligro vidas humanas en condiciones climáticas adversas.

La detención del Bella-1 fue confirmada más tarde por el Comando Europeo de Estados Unidos. De acuerdo con el New York Times, la tripulación rusa no ofreció resistencia y no se detectó la presencia de embarcaciones militares rusas en las inmediaciones, aunque ello no disipa la gravedad del precedente que sienta la acción norteamericana.

OTRO PETROLERO INTERCEPTADO EN EL CARIBE

En paralelo, la Guardia Costera estadounidense interceptó un nuevo buque petrolero en el mar Caribe, también en aguas internacionales. El Comando Sur informó que se trató de un navío sancionado, al que calificó como parte de la llamada “flota oscura”.

“El Departamento de Guerra, en coordinación con el Departamento de Seguridad Nacional, ha detenido sin incidentes un buque cisterna apátrida y sancionado”, sostuvo el Comando en un mensaje difundido en la red X. Sin embargo, funcionarios estadounidenses reconocieron al New York Times que el barco navegaba bajo bandera camerunesa, una contradicción que vuelve a poner en evidencia la arbitrariedad de estas operaciones.

El buque, identificado como M/T Sophia, fue acusado de realizar actividades ilícitas vinculadas al transporte de petróleo de países sancionados, como Venezuela o Irán. Según el Comando Sur, será escoltado hasta Estados Unidos, reforzando una práctica que consolida el control unilateral de Washington sobre rutas marítimas internacionales bajo el pretexto de la seguridad.

By Brian

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