EE.UU. EVALÚA DISTINTAS OPCIONES PARA QUEDARSE CON GROENLANDIA
La Casa Blanca confirmó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su gabinete analizan distintas alternativas para avanzar sobre el control de Groenlandia, incluyendo el uso de la fuerza militar. La posibilidad, reconocida abiertamente por voceros oficiales, volvió a exponer una lógica imperial que reaviva tensiones diplomáticas y genera un fuerte rechazo en Europa.
Según trascendió en medios estadounidenses, el secretario de Estado Marco Rubio informó a un grupo de legisladores que Trump estaría dispuesto a comprar el territorio autónomo danés, una idea que no es nueva pero que ahora aparece acompañada por la amenaza explícita de una intervención armada. La reacción no se hizo esperar: varios países europeos se pronunciaron en defensa de Groenlandia y contra cualquier forma de injerencia estadounidense.
“UN OBJETIVO DE SEGURIDAD NACIONAL”
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, sostuvo que “la adquisición de Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional para Estados Unidos” y la presentó como una pieza clave para “disuadir a los adversarios en la región ártica”. En el mismo comunicado, dejó en claro que el gobierno analiza “diversas opciones” para alcanzar ese objetivo y subrayó que el uso de las Fuerzas Armadas “siempre está disponible” para el comandante en jefe.
La declaración se conoció pocos días después de que Washington llevara adelante una operación militar en Venezuela que incluyó el secuestro del presidente Nicolás Maduro, reforzando la idea de que la administración Trump está dispuesta a actuar de manera unilateral cuando considera que sus intereses estratégicos están en juego.
El propio Trump volvió a insistir en que Estados Unidos necesita controlar Groenlandia para asegurar las rutas marítimas del Ártico, una región cada vez más codiciada por su valor geopolítico, sus recursos naturales y el impacto del cambio climático sobre la navegación.
DECLARACIONES QUE DESNUDAN EL IMPERIALISMO
El jefe adjunto de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, fue aún más explícito. Aseguró que Washington debería controlar la isla y descartó cualquier resistencia militar: “Nadie va a enfrentarse a Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”. Incluso llegó a cuestionar abiertamente la soberanía danesa sobre el territorio: “¿Con qué derecho Dinamarca ejerce control sobre Groenlandia?”, afirmó.
Las declaraciones provocaron una dura reacción del senador Bernie Sanders, quien denunció que el asesor de Trump había formulado una definición clásica de imperialismo. “Parece que estamos regresando a una época en la que los países grandes y poderosos explotaban a los más débiles por sus recursos naturales”, advirtió el legislador.
En un intento por bajar el tono, Marco Rubio aseguró ante el Congreso que no existe una invasión inminente y que la intención de la Casa Blanca sería negociar la compra de la isla. Sin embargo, no explicó cómo funcionaría ese plan ni bajo qué condiciones, y admitió que los principales asesores presidenciales trabajan en una propuesta aún indefinida.
Por su parte, el enviado especial de Trump para Groenlandia, Jeff Landry, sostuvo que el presidente apoya una Groenlandia independiente con fuertes vínculos económicos con Estados Unidos y negó que exista una intención de tomar el territorio por la fuerza. Una afirmación que choca con las amenazas formuladas desde la propia Casa Blanca.
EUROPA CIERRA FILAS EN DEFENSA DE GROENLANDIA
Dinamarca recibió en las últimas horas el respaldo explícito de varios países europeos y de Canadá. El canciller danés, Lars Løkke Rasmussen, confirmó que Copenhague solicitó una reunión urgente con Marco Rubio para discutir la situación y dejó en claro que entregar Groenlandia no es una opción. “Hay líneas rojas que no vamos a cruzar”, afirmó.
Rasmussen también rechazó los argumentos estadounidenses que acusan a Dinamarca de descuidar la defensa de la isla o de permitir una presencia masiva de intereses chinos. La consejera de Exteriores groenlandesa, Vivian Motzfeldt, participaría del eventual encuentro con Washington.
Los líderes de España, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Polonia, junto a los ministros de Exteriores de los países nórdicos y Canadá, expresaron su apoyo a Dinamarca y a Groenlandia. En un comunicado conjunto remarcaron que “Groenlandia pertenece a su pueblo” y que solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir sobre su futuro.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, reafirmó que su país defenderá la soberanía danesa, mientras que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, fue contundente: “España no va a ser cómplice de un atropello a la integridad territorial de un Estado europeo”.
LA OTAN, EN EL BORDE DEL ABISMO
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que un eventual ataque estadounidense contra Groenlandia podría significar el fin de la OTAN, al quebrar el principio central de la alianza: que un ataque contra uno de sus miembros constituye un ataque contra todos.
Groenlandia, con apenas 57 mil habitantes y una superficie de 2,1 millones de kilómetros cuadrados, depende en gran medida de la pesca y de la asistencia económica de Dinamarca, que cubre cerca de la mitad de su presupuesto. Una intervención militar de Estados Unidos no solo alteraría el equilibrio regional, sino que pondría en jaque la arquitectura de seguridad occidental construida tras la Segunda Guerra Mundial.
