La demanda hogareña retrocedió 2,8% interanual en noviembre y confirma el freno del mercado interno
El consumo de los hogares volvió a mostrar señales de fragilidad en noviembre. La demanda cayó 2,8 por ciento interanual y dejó en evidencia que el mercado interno continúa sin encontrar un sendero de recuperación sostenida, especialmente en los rubros vinculados a las necesidades básicas y a los servicios esenciales.
El desempeño por sectores reflejó un escenario cada vez más dispar. Algunas actividades registraron incrementos relevantes, aunque en gran medida explicados por efectos de comparación estadística y no por una mejora real del poder de compra. Indumentaria y calzado encabezó las subas con un crecimiento interanual del 16,8 por ciento, impulsado por una base muy deprimida del año anterior, y tuvo una incidencia limitada en el índice general. En la misma línea, recreación y cultura avanzó 5,2 por ciento.
Muy distinta fue la situación de los rubros ligados al gasto cotidiano. Transporte y vehículos mostró una contracción interanual del 2,0 por ciento, mientras que vivienda, alquileres y servicios públicos retrocedió 0,6 por ciento. En conjunto, el resto de las categorías de consumo acumuló una baja del 5,7 por ciento, lo que da cuenta de una retracción extendida y relativamente homogénea en amplios segmentos del presupuesto familiar.
El análisis por tipo de bienes tampoco ofrece señales alentadoras. El consumo masivo, que incluye alimentos y productos de primera necesidad, registró una leve caída interanual del 0,1 por ciento y un descenso desestacionalizado del 1,8 por ciento respecto de octubre. Por su parte, los bienes durables mantienen números positivos en el acumulado, pero con una desaceleración marcada hacia el final del año, luego de haber traccionado el consumo durante parte del período previo.
Desde la Cámara Argentina de Comercio y Servicios explicaron que estos movimientos responden a un cambio en la composición del consumo, con un mayor peso relativo de los bienes durables frente a los masivos, una tendencia que comenzó a estabilizarse hacia fines de 2025. Detrás de esa lectura técnica, sin embargo, se consolida un cuadro más preocupante: la dificultad creciente de los hogares para sostener el consumo diario y una mayor dependencia de compras puntuales, muchas veces sostenidas por el acceso al financiamiento.
