Javier Milei volvió a exhibir una concepción ambigua —y funcional a los intereses británicos— sobre la soberanía argentina en las Islas Malvinas. En una entrevista concedida a la prensa del Reino Unido, el Presidente afirmó que el reclamo argentino “no es negociable”, pero inmediatamente lo vació de contenido al condicionar cualquier avance a la voluntad de los habitantes del archipiélago, es decir, de la población implantada tras una ocupación ilegal.

El mandatario confirmó además que viajará a Londres el próximo año, en lo que será la primera visita de un presidente argentino al Reino Unido en casi tres décadas. Lejos de anticipar una agenda diplomática firme en defensa de la soberanía nacional, Milei evitó mencionar cualquier planteo concreto ante el primer ministro británico y optó por un discurso edulcorado, más cercano a la admiración cultural que a la defensa de los intereses argentinos.

Según consignó el diario conservador The Telegraph, el Presidente sostuvo que las islas “deberían regresar a la Argentina sólo mediante negociaciones y cuando los isleños lo deseen”. La frase, presentada de forma difusa, implica un giro sustantivo respecto de la histórica posición argentina y del derecho internacional, que reconoce la existencia de una situación colonial y excluye expresamente a la población implantada de cualquier definición sobre la soberanía.

No se trata de un desliz aislado. Milei ya había generado polémica durante el acto en homenaje a los caídos en la guerra de 1982, cuando evitó condenar la ocupación británica y expresó su deseo de que los kelpers “algún día” elijan ser argentinos, reduciendo el reclamo soberano a una fantasía de seducción económica y despojándolo de su carácter histórico, jurídico y político.

“Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies”, dijo entonces el Presidente, en una frase que equipara la autodeterminación de un pueblo colonizado con una decisión de consumo y que desconoce resoluciones de la ONU que respaldan el reclamo argentino.

Esta vez, ante medios británicos, Milei volvió a hablar poco y mal de Malvinas, pero se explayó sobre su admiración por la cultura inglesa. Mencionó su simpatía por los Rolling Stones y su supuesta cercanía con Mick Jagger, en un gesto que refuerza una imagen de alineamiento cultural y político con la potencia ocupante.

Aunque evitó reiterar su elogio a Margaret Thatcher —a quien había definido como “brillante” y cuyo retrato supo exhibir en su despacho—, el mensaje de fondo se mantiene intacto: un gobierno que relativiza la soberanía, desdibuja el reclamo histórico y reemplaza la política exterior por gestos de admiración hacia quienes usurpan territorio argentino.

En nombre del “pragmatismo” y del rechazo al “ruido de sables”, Milei termina legitimando el statu quo colonial y debilitando una de las pocas políticas de Estado que la Argentina sostuvo de manera sostenida a lo largo de décadas.

By Brian

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