El cierre de 2025 deja una postal difícil de eludir: un país golpeado por un ajuste brutal y una sociedad atravesada por la desigualdad creciente. Así lo planteó Víctor Hugo Morales en un duro editorial, en el que describió el último año del gobierno de Javier Milei como un verdadero “mazazo final” sobre la espalda de los trabajadores.
Para el periodista, el año termina con una ofensiva feroz contra uno de los valores centrales de la tradición popular argentina: la dignidad. Un concepto que, recordó, se incorporó al lenguaje político con especial fuerza durante el peronismo y que hoy aparece desarmado, atacado “sílaba por sílaba”, como si se tratara de un objeto a destruir. En esa imagen, Milei ocupa el rol de quien patea la justicia social hasta dejarla irreconocible.
El editorial vinculó este proceso con una transformación más profunda, que excede la coyuntura económica. Morales citó un ensayo del sociólogo Damián Pierbattisti, en el que se analiza el rumbo del gobierno libertario como parte de una ofensiva cultural de largo alcance. Según ese trabajo, la reforma laboral que impulsa Milei expresa con crudeza la individualización extrema del vínculo entre capital y trabajo, borrando toda noción de protección colectiva.
Lejos de ser un hecho aislado, la intención de avanzar hacia una legislación laboral “preperonista” aparece como uno de los pilares del modelo de sociedad que el oficialismo busca imponer desde el Estado. Un esquema que no solo redefine relaciones económicas, sino que pretende reconfigurar valores, sentidos comunes y formas de entender la vida social.
En ese marco, el ajuste no es solo fiscal: es moral, simbólico y cultural. La ofensiva contra el campo popular se inscribe en una auténtica “batalla cultural”, en la que la derecha despliega todo su arsenal ideológico para legitimar políticas regresivas. La apelación a Gramsci, señaló el análisis citado, no es casual: se trata de disputar sentido para naturalizar el retroceso de derechos y presentar la desigualdad como resultado de decisiones individuales y no de estructuras sociales.
El modelo que encarna Milei consagra una visión del mundo donde lo individual se impone de manera absoluta sobre lo colectivo, donde la responsabilidad social desaparece y los derechos adquiridos se transforman en privilegios a eliminar. Esa lógica, advierte el editorial, explica en buena medida la fortaleza actual del neoliberalismo: su articulación con un proceso civilizatorio que erosiona la solidaridad y legitima la crueldad como forma de gobierno.
Frente a ese panorama, Morales cerró su reflexión con una advertencia: no poner la vida en pausa. Porque detrás de los números, las reformas y el discurso del sacrificio, lo que está en juego es algo más profundo: la posibilidad de vivir con dignidad en una sociedad que no convierta el ajuste en destino ni la desigualdad en norma.
